A estas alturas de mi vida, como estoy, como me siento, si he comido o no, pasa a segundo plano, porque estoy donde quiero estar y haciendo lo que quiero hacer.
El gran íntimo: el encuentro con Don Alejandro
Hay momentos que la vida te pone a prueba con desafíos poco probables de afrontar, tu raciocinio tan estructuralmente trabajado, mantenido, actualizado y hasta con alta resiliencia te dice la fórmula perfecta para poder afrontarlo pero tienes al frente un contrincante muy complicado que se atreve a desempolvar tus más terroríficos miedos internos, aquellos miedos que te llevan a un abismo sin arnés, aquellos miedos que te encierran en una cueva de inseguridades, aquellos miedos que te hacen caer en un agujero negro y que hasta el sol tan radiante como astro principal de nuestra galaxia se torna sombrío.
Esos momentos parecen interminables y que apañan toda la visión que tu mente instruida y ejercitada en buscar siempre soluciones se pone en un escaparate polarizado donde tu ves todo a tu alrededor, pero nadie te ve a ti, nadie puede saber que estás en dicho encierro, que estás en ese mar de imposibilidades.
De pronto sucede algo extraño, algo que muy pocas veces la vida te brinda, con efecto bofetada, una solución tan simple, tan efectiva y tan dura a la vez de aceptar. Ese algo extraño es simplemente regresar a la realidad; estuve caminando por unos minutos y, como es habitual en mi, miro todo a mi alrededor mientras camino, veo las flores, veo las deficiencias en la acera, veo las estructuras de las casa y edificios, veo los nombres de las calles y veo siempre a la gente que va y viene en mi recorrido, muchas veces hasta recuerdo sus rostros y cuando vuelvo a pasar por el mismo lugar hasta inconscientemente los busco, pero en ese TOC tan imperceptible me topo con alguien excepcional, alguien a quien nunca vi, alguien a quien quizá mañana no vea, alguien que hasta hace un minuto era un NN y quizá sea o se considere a sí mismo un NN para la sociedad, para su familia y amigos que hoy en día ya no forman parte de su vida, le pregunté su nombre pero en ese post decido llamarle Don Alejandro, en honor al gran Alejandro Villanueva, el gran ídolo del equipo del pueblo, decidí esto porque Don Alejandro tenía puesto una camiseta morada de Alianza Lima, le pregunté cómo estaba, le pregunté si había comido, cuantos años tenía y que hacía tan solitario, meditabundo y nostálgico por las calles de Lima Gris, en estos días fríos y con lloviznas algo intensas, me respondió todo en cuestión de segundos y con tan solo unas cuantas palabras me dijo: “A estas alturas de mi vida, como estoy, como me siento, si he comido o no, pasa a segundo plano, porque estoy donde quiero estar y haciendo lo que quiero hacer”.
Su respuesta fue tan contundente que más que satisfacer mis dudas las hizo más grandes, Don Alejandro siguiendo con su tan ilustre sabiduría de la vida añadió: “Tú puedes creer que yo necesito ayuda, que vivo triste, que vivo encerrado en muchos problemas y que ya estoy muriendo poco a poco, pero todo eso ya pasó, ya lo superé, ya lo entendí.” Y complementó cerrando cualquier camino a alguna duda replicando: “A estas alturas de mi vida, como estoy, como me siento, si he comido o no, pasa a segundo plano, porque estoy donde quiero estar y haciendo lo que quiero hacer”.
Le di un fuerte abrazo, le dije que su camiseta era hermosa y que su vida deja un gran legado, quizá no a sus hijos, quizá no a su familia, pero sí a cada persona que se atraviesa en su camino, entonces comprendí que ese contrincante tan duro y fuerte que tenemos al frente y que en los primeros párrafos describo con exactitud, solo son minúsculos eventos en comparación a todo lo que Don Alejandro ha vivido y vive a diario, que siempre hay salida para todo, que siempre hay luz para la oscuridad, que siempre hay una cuerda para salir del fondo, que siempre habrá momentos sombríos pero que con un poco de inspiración y una bofetada de realidad sales airoso de todo. Esta noche Don Alejandro sabe que rescató a un prójimo y yo sé que esta noche Don Alejandro no pasará hambre ni tampoco frío, pero será momentáneo porque como bien dijo, él está donde quiere estar y hace lo que quiere hacer y es feliz.
Gracias Don Alejandro por hacer magia esta noche, esa magia de esperanza e inspiración, perdón por lo poco que pude retribuirle, perdón por no estar preparado para esta noche de gala que con deleite sabiduría ha resuelto cíclicos paradigmas. Gracias por ser un gran íntimo, gran hincha blanquiazul y ser una gran persona, de esas que la sociedad poco a poco brinda con su mucha vez esquiva evolución.


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